Izquierdo y luego derecho.

"¡OH MEU DEUS!
¡QUE FRÍVOLOS HAN DE SER USTEDES
AL PENSAR QUE LA HUMANIDAD ESTA PERDIDA!
¡OH MY GOD!
SOLAMENTE POR LA FALTA DE PEBETES
CORREDORES EN LAS CALLES
CUANDO NO ES LA CULPA DE NADIE 
SI NO QUE LA NUESTRA
¡OH MEIN GOTT!
¡OH MON DIEU!
SER USTEDES."



Rodriguez no era de maldecir, mucho menos de decir improperios a la cara, y menos que cero, a decírselos a completos extraños. Bastón en mano, boina aferrada y puño en alto, el gran humano viejo gritaba a un par de treintañeros que pasaban por su vereda. Rodriguez, su nombre artístico ya que el de pila era desconocido a los civiles -que, por cierto, era Rogelio-, tenia algo en claro y era que el correr de los tiempos nos hacen cambiar y hacen de las cosas incomparables, pero similares. Se sentaba todos los domingos en la puerta de su casa, junto a una taza de café desesperado y moreno, su diario recién traído por el diariero y, a veces, una que otra tostada con manteca. Con el pasar de los años, de los meses, de los domingos, Rodriguez veía que las cosas seguían siendo casi siempre las mismas, las mismas ecuaciones junto a los mismos resultados pero solo cambiaban en tiempo y en espacio. Pero, ¿siguen siendo las mismas situaciones, si el tiempo-espacio es una variable? Rodriguez decía que si, por que hay un patrón que se sigue repitiendo, por que hay un loop en todo eso. 

Ese día, el anciano estaba limpiando la vereda de su casa con el sonido bajo y lejano de su radio. Ese día esperaría a sus hijas y nietos. Vendrían a visitarlo luego de la muerte de su único y ultimo amigo, Rog. Harían un asado, traerían ensalada de frutas y su nieto mas grande le pediría que le enseñe a jugar al truco. El ambiente se desarrollaba en una fotografía de colores sepia pero nunca sin perder su naturaleza. Las paredes anaranjadas, los suéteres rojos, los pantalones grises oscuros y el cielo celeste casi blanco. Rog decía que la vida de Rodriguez eran colores cálidos  en todo momento, incluso los más fríos o los mas distantes. Tambien mencionaba que no podría vivir sin ellos, ya que él formaba parte de la foto. 

-Ana, yo te cuento alguo. La gente ya no entiende el significado de la palabra "seguir". Se quedan estampados en un solo fragmento, dejando la película en una sola escena, olvidando completamente que la cosa sigue, camina, corre y cae. Ellos prefieren vivir en la añoranza o en el por venir, prefieren ignorar el hecho de que en los días de hoy, la cosa esta así por que ellos prefieren el camino fácil antes que el ingenio. Escúchame lo que me paso hoy. Yo estaba limpiando la vereda, iba a comprar una tapa de asado y unos carboncitos de acá la vuelta hasta que, -toma un sorbo de su whisky mañanero, Ana lo mira con asco y ansias- escucho a una pareja de, estos ¿como se dicen? eh... ¡Millenials! una pareja de Millenials eran, si, si. Pasaban estos dos por la puerta, despreciando mi trabajo en la vereda, diciendo "Las cosas están como la mierda, los pendejos prefieren quedarse en sus casas con las consolas, prefieren una pantalla a un libro, prefieren los cafés importados de Brasil antes que una buena taza de mate cocido. La juventu' esta perdida boluda, esta perdida."

Rogelio Rodriguez termina de narrar el suceso y espera la misma mirada indignada de su hija. A él no le entraba en la cabeza como estas cosas podrían pasar. Como estos "modernos" negaban e ignoraban el gran avance de las tecnologías añorando lo irreversible. Obviamente, el señor de ochenta años no simpatizaba de sobre manera con ver a un recién nacido quemándose los irises con el brillo de un celular al máximo pero no se podía negar que hay que avanzar en ciertas cosas, y emplear la tecnología en la educación y en la vida cotidiana de manera razonable es lo mas lógico. O ¿acaso quieren criar a una generación de patanes?

-Mirá Rog, no la estas pegando al palo pero tampoco la estas metiendo en el angulo. Tenían razón estos dos, a veces, las cosas eran mejor antes, jugar en la calle, ver una hora de televisión por día, comer comida casera pero me pareció totalmente equivocado que les hayas gritado. No lo merecían.

No refutó, por que en parte su hija tenia razón, pero su razón no le dejaba iniciar una pelea, no hoy. 

La tarde siguió tal y como se había dicho, asado, nietos y cartas. Rom, su nieto, era un buen aprendiz y uno muy mentiroso. Envidos con veinte, trucos con cuatros y las cinco de la tarde habían tocado la puerta. Ana, la mayor, se despedía de su padre dándole un gran y fuerte abrazo, diciéndole al oído cuanto lo iba a extrañar, ¿no la iba a ver la semana que viene? El señor no le quedaba mas que repetirle todo lo que la amaba y de darle un poco de su interior, del cual mucho no quedaba. De a poco la casa se fue haciendo vieja. Las paredes iban descascarándose, Rom ya no vibraba por ahí, la tele ya estaba dejando de ser un plasma de 24'' y los diarios se estaban acumulando en su portero. 

Rog fue a su cama con la bandeja de comida en sus brazos junto a un vaso de dolor de pecho. Se acostó en la cama para comer su milanesa mientras miraba a Marley, hoy estarían paseando por Berlin, pasarían por la puerta de Brandenburgo y caminarían por la plaza de Potsdam. 
Las doce de la noche había sonado y el apaga la tele. Se levanta para agarrar su libro y un suéter. Al sentarse en su cama de nuevo con ambos objetos en sus manos, optó por el abrigo antes de leer por que ya ni se acordaba que estaba pasando en su libro, por lo tanto la intriga se había desvanecido. 
Sentado en su cama, empezó a sentir su hombro izquierdo un poco tieso. Sentía que no lo podía mover mucho y una pequeña punzada en la parte posterior del tricep. El gris de la incomodidad empezó a trasladarse a su cuello, donde estaba empezando a sentir una fría vibración que hacia muchos zzzz y algún que otro pppp pero nada insoportable. 

Levanta el brazo izquierdo, metiendolo primero en el suéter negro. 




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Algo nuevo lleno de algo viejo.